Buscando el código utópico: La Ley y el Grial
Nos encontramos hoy por hoy ante una coyuntura en la que el crecimiento sostenido de nuestro sistema de derecho ya no parece ser una realidad tan obvia. Quizá por primera vez desde 1978 compartimos una misma crisis jurídica con el resto de Europa y Occidente: ¿estamos ante una recesión mundial de valores democráticos y jurídicos con todas las características de transformarse en una depresión mundial del Estado liberal democrático y de la posibilidad de autodeterminación personal?
Después de décadas de un esfuerzo colectivo enfocado hacia el mero crecimiento económico hemos llegado al punto coincidente de tres caminos críticos:
+el cambio climático como consecuencia de los límites ecológicos del crecimiento industrial.
+el fin del petróleo barato y la disponibilidad de energía de bajo coste.
+Una crisis de eficiencia del Estado liberal que lo ha transformado en una estructura tecnológica de control político, que ya no garantiza nuestras sagradas libertades y valores tan cara y largamente logrados.
Esos tres factores amenazan nuestras hoy sorprendentemente débiles estructuras en las que hemos situado la custodia última de los principios que hemos denominado universales, sólo para reservarlos mayoritariamente para nosotros mismos.
En términos más populares, nuestro sistema de valores no es independiente del crecimiento económico no sostenible que hemos desarrollado. Hemos creado nuestros sistemas de derechos y libertades con pies de crecimiento económico, sin límites ecológicos y sin miedo a una crisis financiera derivada de escasez de energía barata. ¿Podemos dejar de sentir una inquietud necesaria que provoque a otros? Para quien lo entienda, sólo en la ausencia de sujeto gravita la catástrofe total y sólo un sujeto puede convertir la palabra más modesta en la más poderosa. El código sólo cumple su último propósito cuando se conjuga con el carácter de lo individual y lo irreductible. Porque el código siempre está inconcluso. Pongámosle nombre: el principio de incompletitud del código. Eso lo saben los informáticos y los juristas.
La globalización no ha traído como consecuencia una configuración cultural uniforme en el ámbito jurídico en el planeta. Tampoco la globalización ha sido la extensión de nuestros valores de democracia y liberación, la globalización tiene sus propios valores y nos amenaza, sinó también, especialmente a nosotros mismos.
La actividad jurídica tiene su precisa correspondencia en el tipo de espíritu que pone en tensión: el valor personal de un solo individuo que esgrime la disciplina más largamente depurada y que más sacrificios ha supuesto, el ejercicio de la defensa del más débil frente al fuerte y al poderoso. Esta opinión merecía una consecuencia de quienes la compartíamos, por eso, de forma desinteresada, la asociación LEGALVENTURE ha reunido a un grupo de personas sobre una base que va más allá de un simple malestar cultural, o un basamento de refinada palabrería.
Más allá de las tentaciones privadas que, bajo el emblema de la cómoda y anónima opresión estadística de clase media occidental, del privilegio disponible, un grupo de juristas y personalidades relevantes de otras disciplinas, decididos a hacer algo que no se esperaba de ellos, se han reunido por su propia voluntad para ejercer de forma creativa y muy activa su discrepancia.
Algunos creemos que la RED tiene una misión liberalizadora que se extiende más allá de los límites de nuestra propia sociedad particular, la RED implica que el campo de nuestra misión no tiene límites en el mundo.
Uno de los rasgos espirituales de la naturaleza humana es que la diferencia entre el bien y el mal sólo es verdaderamente moral en el presente, pues solo el presente permite hacer el mundo mejor o el mundo peor. La inteligencia es una categoría moral. Invitamos a ella. Hagamos inteligencia. El Grial nunca se busca para uno mismo. Su hallazgo se regala.
José María Lancho
Abogado

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